Tú, literatura

La literatura es posiblemente lo más bonito que el ser humano ha logrado, y logrará, hacer en toda su historia. Esto es una verdad como un templo, y quien piense lo contrario es que no tiene ni idea de como funciona el mundo. Básicamente podría resumir mi postura -la cual, a pesar de ser yo una persona tolerante y abierta a opiniones, en este caso no acepta crítica- en un solo axioma: si no te gusta leer no puedes ser considerado una persona. Y como los axiomas son, por definición, verdades en sí mismas que no necesitan demostración, podría callarme la boca y ahorrarme la explicación de por qué pienso que el 95% de la población española debería ser condenada al ostrascismo por no saber apreciar la literatura -entre otras muchas razones, para qué engañarnos-, pero, como sé que esa gran mayoría de conciudadanos nunca leerán este texto, no quiero dejar duda alguna de mis fundamentos al pequeño porcentaje que, estoy seguro de ello, apoyará mi conclusión.

En primer lugar, comenzando con algunos argumentos objetivos, leer un buen libro es bueno para tu cerebro; algo que todos sospechábamos pero que a día de hoy ya nos pueden confirmar la ciencia. Verán, pues, que no me limito a simples opiniones de índole personal para fundamentar mi tesis.

En segundo lugar, leer significa prolongar nuestra vida cientos, tal vez, miles de años. A priori, quizás parezca que estoy exagerando, y esta vez carezco de bases científicas para afirmar tal postura, pero en realidad sólo es necesario hacer unos pocos cálculos: aceptemos que el lector medio es capaz de leer una página cada dos minutos (y apuesto que la gran mayoría puede hacerlo en menos), tardará cerca de 600 minutos, osea, 10 horas, en devorar 300 páginas -y no hay que ser un genio de las matemáticas para calcularlo-; y aceptemos también que el libro nos ha enganchado y nos lo leemos “del tirón”, todo el mismo día; pues bien, cuando lleguemos a la última páginas habremos sido capaces de dar La Vuelta al Mundo ahorrando aproxidamente unas 1910 horas -79 días y 14 horas. ¡Y todo sin salir de casa! A esta inaudita capacidad para hacernos viajar por todo el mundo en pocas horas hay que sumarle la posibilidad de conocer otros planetas, galaxias, o incluso universos sobre los que nadie posee suficientes pruebas para negar su existencia. Sin olvidar la increíble capacidad para viajar en el tiempo, desafiando todas las leyes de la física, tanto hacia el pasado como hacia el futuro. ¿Qué otra cosa en el mundo nos ofrece algo así?

viajero

Pero todavía hay más, mucho más. Gracias a la literatura la mayor parte de nosotros podremos sentir emociones que seguramente no conozcamos nunca en la vida -o revivir cuando queramos aquellas con las que sólo nos encontraremos en contadas ocasiones, tanto buenas como malas-. Ver el mundo con los ojos de un ciego -no sin cierto humor negro-, sentir el amor adolescente de una etapa que dejaste atrás hace ya muchos años o sufrir la muerte de un ser querido antes de que llegues incluso a plantearte que eso puede ocurrir, y ocurrirá, en la realidad; todas éstas son situaciones con fecha de caducidad en el mundo real, pero que en el de las palabras están siempre al alcance de la mano.

Llegados a este punto, diría que he hecho una buena defensa de mi postura pero, como dicen que la última idea es con la que todo el mundo se queda, he decidido guardar el que posiblemente sea el mejor argumento para el final: la literatura es igualadora. Gracias a ella las diferencias desaparecen. Con una buena novela todo el mundo puede viajar, puede soñar, puede sentir, y puede vivir sin importar su sexo, posición económica, raza, o constitución física (joder, un libro cuanto más grueso y viejo mejor). Puedes ser hombre o ser mujer, rico o pobre, negro o blanco, conquistador o indígena; lo importante es que todo queda a tu elección.

En conclusión, leer nos hace más inteligentes, nos permite viajar al futuro, teletransportarnos, hacer cosas que en el mundo real son imposible -¿leyes de la física? Por favor…-; la literatura está en todo lo que hacemos, en todo lo que sentimos; todo lo que vivamos seguramente ya se haya vivido en más de un libro. La literatura es, por tanto, fuente de sabiduría, omnipresente, omnisciente. Con estos credenciales, si tuviera que creer en algo, sería en un buen libro.

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