El Fin del Mundo

Un día me pidieron que relatara como sería el Fin del Mundo;
tenía claro que, de mi historia, tú serías la protagonista
y yo te acompañaría en los últimos momentos de nuestra existencia.

Mi habitación sería, de las catástrofes que se producirían, el escenario
y mi cama el epicentro de todos los tsunamis y terremotos.

La plaga de mis dientes arrancaría inmisericorde lo que llevas de ropa
y nuestros labios fundirían, en una, esa armadura a la que llamamos piel.

Tus piernas en torno a las mías formarían huracanes
y las tempestades de las sábanas arrasarían con la cama.

Ya en el suelo, desposeídos de nuestra humanidad,
nos convertiríamos en animales, instintivos, apasionados.

Entre el frenesí y la locura suplicaríamos por que nunca acabara
y no nos preocuparía que Dios jamás nos perdonara.

Para entonces ya no quedaría nada, a nuestro alrededor todo sería calma.
Solos tú y yo, en un mundo inexistente, dueños de todo, dueños de nada.

Y, cuando todo acabara, cuando nuestros corazones se pararan,
moriríamos sabiendo que ni el fin del mundo puede competir
con lo que tú eres capaz de provocar en mí con solo una mirada.

mirada3

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