El derecho a estar tristes

Tenemos derecho a estar tristes. A tirarnos en el sillón los días de lluvia y dejar que el tiempo corra sin hacer nada más, simplemente dejando la cabeza volar. A poder encerrarnos en nosotros mismos cuando las cosas nos salen mal. A planear como destruir el mundo de mierda que hemos creado. A desear, quizás, la Revolución.

Y es que estar tristes significa disfrutar del derecho a soñar. ¿Con qué? Eso que más da. Tal vez con cambiar la situación, con que en el futuro todos nos irá mejor. Lo importante es que nos hace sentir que aún nos queda algo por hacer, que merecemos desla-gran-belleza-originalcubrir que pasará si vivimos un día más. La pena es, sin duda, la mejor sensación que jamás podamos llegar a sentir.

La vida sólo se vive de verdad a través de la tristeza. Qué amargo sería un mundo en el que todos fueran felices: las sonrisas sin nombre ya no causarían furor en el corazón y jamás valoraríamos los momentos especiales de verdad.

No, es imposible aceptar una vida que no tuviera deseos de ir a más, de enfrentarse a la adversidad y luchar por un sueño, sin importar que nunca se haga realidad.

Es triste ser feliz, significa dejar de soñar, que no te queda nada por desear. Sólo quiero ser feliz cuando llegue el momento de morir.

Reclamo mi derecho a estar triste

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