Hic et Nunc!

La paciencia será la madre de la ciencia, pero a la vida le sienta fatal. Nos pasamos el día escuchando que lo importante en esta vida es ser paciente, saber esperar a que los árboles den sus frutos y los actos sus consecuencias. Que, con el tiempo, las heridas -tanto de las que sangran como las que no- siempre terminan por sanar. Que no puedes quererlo todo al momento, porque es imposible y solo conseguirás frustrarte. Que cómo se te ocurre contestarle tan rápido a esa persona con la que estás hablando, creerás que estás desesperado. Pero si ni quisiera sé si me gusta, solo sé que me apetece hablar con ella. Y qué, si te comportas así perderás todo el interés. ¿Y entonces qué tengo que hacer? Pues espera un rato antes de contestar, habla con otra gente, que vea que estás en línea pero que tampoco tienes prisa por escribirle. ¿Y si le digo de quedar? Pues estás loco, porque tan rápido eso sí que suena fatal. Y así es cómo se supone que funciona todo a día de hoy.

Pero el tiempo pasa y los árboles siguen sin dar frutos -quizás es que no eran árboles frutales, pero lo más probable es que no tengas ni idea de cómo cuidar un árbol frutal-, las consecuencias nunca son las que esperabas y las heridas no cicatrizan (como mucho, si hay suerte, te olvidas de ellas y solo duelen de vez en cuando). Que tú solo quieres hablar con esa persona porque te gusta lo que te cuenta. Y si resulta que ella se piensa que estás desesperado pues te has ahorrado horas del: “espero un rato y contesto”, antes de saber que no es tan interesante como aparentaba. O quizás ella también tiene una amiga que le susurra que no conteste, que se espere, que va a causar una mala impresión.

Y en esas estamos, en un mundo paranoico preocupado por el “qué pensará”, que adora proclamar el carpe diem, pero lo deja todo para dentro de un rato. Y al hic et nunc, que es lo único cierto, que le den por saco. Aunque, la verdad, tampoco extraña, somos muy de perder el interés por lo que tenemos seguro, de arriesgarlo todo a que en el futuro nos vaya mejor, y de llorar por lo pasado que dejamos escapar.

  Pregunté a la tarde de abril que moría:
¿Al fin la alegría se acerca a mi casa?
La tarde de abril sonrió: La alegría
pasó por tu puerta —y luego, sombría:—
Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.

Antonio Machado

Lo único bueno es que, en esta locura de mundo, si por un casual se te va la cabeza, le dices de quedar y acabas hablando con esa persona entre cafés en vez de entre whatsapps, no habrá nadie a su lado susurrándole que lo está haciendo mal.

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