Recuerda

Mar que en nuestra isla nos encierra
con su verja de salitre, callao y arena.
Mar que nos marca el fin de la tierra
y con su vahaje nos susurra
que en el fin de la tierra está
el principio de los sueños.
Mar que copula con el cielo
y su espuma son luceros
y las estrellas de la espuma el reflejo.
Mar que copula con el cielo
quién es ser, quién espejo;
los dos son muros,
los dos son deseos de vivir
más allá de la vida de nuestro cuerpo.
Mar que nos arrulla y apuñala,
borra nuestras huellas de la arena
y en su horizonte nos hace eternos.

El eterno dilema de ser isleño:
ser del mar su perpetuo prisionero,
y si el cielo le libera del encierro
lo vacía de su esencia.
¿Dónde está el carcelero?
¿Dónde el principio de lo etéreo?
En la meseta solo hay tierra,
piedra impertérrita, dura y yerma,
montaña que recorta el firmamento.
No hay guijarro ni gaviota,
no existe ya el reflejo en el espejo.
Y si mira al horizonte
el isleño ya no sueña,
ya no siente la maresía
empapar sus pulmones,
solo llora y revive sus recuerdos.
Ya no sueña.
Ya no sueña.
Recuerda.

horizonte

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