Queda

Queda
tu aroma prendido en el aire;
la sombra de una cama deshecha;
un camino sinuoso de sábanas
ocultando la vergüenza de un colchón
donde segundos antes respiraba una silueta.

Queda
un cigarro a medio apagar;
carmín brumoso en la colilla;
un espectro de amarillentas cortinas;
el rumor amargo de la Bialetti;
y treinta almas apiladas con títulos de libros.

Queda
una sonrisa ausente y una mirada al infinito;
el desasosiego de la soledad matutina;
el sueño de tu imagen en la vigilia;
y la esperanza del eterno retorno,
el falso placer de engañarse a uno mismo.

Quedas tú

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