Dime cómo se llama…

Paseando por la Gran Vía
una madrileña me miró a la cara,
y con sus tizones ojos de niña
me preguntó por qué lloraba.

–las lágrimas que me brotan del alma
nacen porque muy lejos me espera
la mujer que a mí me ama.
Sus besos, ardientes como la arena,
me vienen en sueños cada mañana,
y sus manos, suaves como la seda,
esconden el ardor más puro de la lava. Sigue leyendo

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