Límites

« -¿Qué eres entonces?
-Definir es limitar.»
Oscar Wilde

Si escribir poesía es materializar el sentimiento
entonces algunos poemas deberían permanecer
siempre en un perpetuo, bendito, silencio.

Y es que si escribir, como definir, es limitar
¿cómo concretar lo que en verdad no se puede
apenas perfilar con las palabras?

¿cómo decirle al amor, al cariño, al deseo, que solo llega
hasta, no sé, el cielo, la luna, el sol, las estrellas,
que el mundo no es suyo y no puede hacer lo que le dé la gana?

¿cómo plasmar en estos versos las conversaciones
nacidas al arrullo de la noche, en torno a la hoguera
que es tu voz en medio de la oscura madrugada que es la nada?

No me pidas que encuentre metáfora para las caricias
que no son caricias, que son llamaradas.
Ni tampoco que explique que los nervios de tu cuerpo
eran solo el espejo de mi alma agitada
por lo repentino del momento, por el calor de tu espalda.

Joder, serías perfecta para convertirte en un poema,
pero no me atrevo, no me atrevo, a limitar tu belleza,
a equivocarme contando los lunares o no acertar en el adjetivo
que contenga la esencia de tu pulcritud nacarada;
la sensación exacta de mis dedos persiguiendo tus cabellos.

Mejor limitarme tan solo a dejar constancia de mi cobardía
por no decirte a la cara que lo mejor de la noche
no fueron los besos ni el tacto de tus pechos ni las caricias

sino los silencios y las palabras en torno a la hoguera
de una conversación profunda, sencilla y sincera
como si el resto del mundo en realidad no nos importara.

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