Ahora te toca a ti sufrir

Nos despedimos con un beso
y te dije «yo te llamo»
y ahora mientras escribo
me deleito con tu imagen
todo el día pendiente del móvil
creyendo en las madrugadas
-doloroso engaño del deseo-
que la pantalla se iluminaba
y en grande escrito mi nombre. 

Y con los días del deseo a la rabia
y de pronto el deseo del olvido
quizá a veces un recuerdo por la calle
leve flash y una mueca de desdeño
antes de seguir caminando altiva
como si nunca hubieras sentido nada. 

Y te digo todo esto porque creo que mereces
saber que la culpa es mía -solo mía solo mía-
porque estoy más que harto de escribir poemas
en donde soy siempre yo el que acaba destruido. 

Tuve miedo lo confieso de querer quererte
(los besos, desearte, que tú no me quieras)
y tener que desempolvar otra vez 
y ya van Dios sabe cuántas el odioso
y maldito cuaderno de los cuchillos y los llantos
mi cementerio particular de sentimientos. 

Por eso quiero que sepas
que nunca pensé en marcar tu número
porque te vi tan feliz te vi tan risueña
que tuve al momento la certeza
de que si te hubiera llamado algún día
jamás le habrías cogido el teléfono
a esa clase de persona que hasta
cuando quiere dañar a la otra
acaba ella misma malherida
y otra vez el puto cuaderno. 

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