Momentos

Un año entero para hacer realidad nuestros sueños.
El rastro de fantasía y purpurina nos marca el camino.
En la Plaza Weyler nostalgias y recuerdos.
La primera en el Orchila y luego pabajo.
Calle el Castillo, la ruta al paraíso.
Por cuatro gotas aquí no nos espantamos.
Entre pitos y coloretes suena un pasacalles.
Viudas en cada esquina llorando por el chicharro.
¡Caperucita, qué barba más frondosa tienes!
Por San José ya no queda nada de los disfraces.
Cada kiosco inventa su propio universo.
Llegar a la plaza Candelaria el desafío del valiente.
La Noria el templo del murguero.
Las carrozas en Anaga que retrasan lo inminente.
El cielo que sorprende de papagayo
“Niña, no te vayas sin antes darme un beso”
Churros del Mercado, bocadillo La Garriga.
En el kiosco Numancia la última y pa casa.

Un año entero y aquí estamos de nuevo.
no sirven las palabras, ni los versos,
la razón de ser de los chicharreros
solo se puede describir con momentos.

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Era muy de mañana

Era muy de mañana cuando el Sol,
con sus primeros besos,
acarició nuestra ventana,
y en un arranque de descaro
decidió que tu piel sería su almohada.
Nada pude yo alegar ante el lindo escándalo
que a mis ojos se mostraba.
Tu piel al principio se puso en guardia ,
e interpuso una jungla de lanzas.
Pero es por todos sabido que la belleza,
cuando lo desea, a cualquier ejército desarma,
y pronto te rendiste ante lo sugerente
de la propuesta que se te presentaba. Sigue leyendo

El Borracho

El Borracho reposa en el regazo de una farola. No hay estrellas en el firmamento, pues estas huyeron hace mucho ya de una ciudad cuyos habitantes tiempo ha que dejaron de enfocar sus vistas hacia el cielo en busca de respuestas. No, ahora el ser humano vive mirando al suelo, viven por y para sus Dioses del nuevo milenio. Pero el Borracho no tiene un smartphone de esos. El Borracho sigue enfocando sus ojos al cielo, y enturbia los ojos en su lecho por no encontrar ya a los luceros, a sus compañeros de tantas noches de vómitos y botellas, por seguir sin tener solución a todos los males que le atormentan. Sin ellas no volverá a encontrar aquella vida que perdió hace ya tantos años, quizás en el baño de un bar que ya no recuerda; tal vez entre vómitos en esta misma acera. Sigue leyendo

Hic et Nunc!

La paciencia será la madre de la ciencia, pero a la vida le sienta fatal. Nos pasamos el día escuchando que lo importante en esta vida es ser paciente, saber esperar a que los árboles den sus frutos y los actos sus consecuencias. Que, con el tiempo, las heridas -tanto de las que sangran como las que no- siempre terminan por sanar. Que no puedes quererlo todo al momento, porque es imposible y solo conseguirás frustrarte. Que cómo se te ocurre contestarle tan rápido a esa persona con la que estás hablando, creerás que estás desesperado. Pero si ni quisiera sé si me gusta, solo sé que me apetece hablar con ella. Y qué, si te comportas así perderás todo el interés. ¿Y entonces qué tengo que hacer? Pues espera un rato antes de contestar, habla con otra gente, que vea que estás en línea pero que tampoco tienes prisa por escribirle. ¿Y si le digo de quedar? Pues estás loco, porque tan rápido eso sí que suena fatal. Y así es cómo se supone que funciona todo a día de hoy. Sigue leyendo

Si las miradas hablaran

¡Ah! Si tus miradas hablaran
y me dijeran lo que tus labios callan.
Eso que te explota por dentro,
que se eleva y que te mata,
y que tratas de ocultar
entre el poso de tus entrañas.
Pero a mí tú no me engañas
porque lo que tu lengua no habla
me lo dicen tus pupilas dilatadas.
Sí, ellas me gritan, me susurran,
lloran y suplican.

Y a pesar de tanto ruego
tus labios no dicen nada.

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