Rumiar Ideas

Rumiar ideas:

Dícese del acto por el que cual el pobre desgraciado que no puede parar de pensar insiste en darle vueltas una y otra vez a un pensamiento que no es capaz de abandonar, pero que tampoco consigue escupir con palabras, de manera coherente.

De ahí lo de rumiar, porque la concreción lograda no deja de ser una pasta machacada una y mil veces, por la dentadura neuronal, compacta e indistinguible en sus partes. Una masa gramatical que se repite una y otra y otra y otra y otra vez en el pensamiento. Y ¡por Dios! que salga de una jodida vez de mi cabeza. Quiero tragar, está bien ya de tanto rumiar. Tragar o vomitar. Poder deglutirlo todo, la bilis y las ideas, y mostrarlo al mundo.

Y que alguien le busque significado al pensamiento.

Si lo tiene.

Y que alguien me dé las respuestas de una vez a las dudas que se me atragantan.

Si las hay.

Causas y consecuencias

Las cosas nunca salen como uno piensa ¿verdad? Pasamos gran parte de nuestra vida planeando, imaginando, y cuando decidimos pasar a la acción, dar el paso, siempre surge algún imprevisto que lo echa todo a perder. Un fracaso más, una oportunidad menos: y es entonces cuando te cabreas, tu cabeza se llena de remordimientos por lo que pudo ser y de furia por lo que no ha sido; y le echas la culpa a la suerte, esa falsa que nunca esta cuando lo necesitas; y al destino, maldito destino, sabes que no te tiene preparado nada bueno en el camino; y, en general, a todo lo que se te pase por la cabeza que creas que puede tener un mínimo de culpa.

Sigue leyendo