El Borracho

El Borracho reposa en el regazo de una farola. No hay estrellas en el firmamento, pues estas huyeron hace mucho ya de una ciudad cuyos habitantes tiempo ha que dejaron de enfocar sus vistas hacia el cielo en busca de respuestas. No, ahora el ser humano vive mirando al suelo, viven por y para sus Dioses del nuevo milenio. Pero el Borracho no tiene un smartphone de esos. El Borracho sigue enfocando sus ojos al cielo, y enturbia los ojos en su lecho por no encontrar ya a los luceros, a sus compañeros de tantas noches de vómitos y botellas, por seguir sin tener solución a todos los males que le atormentan. Sin ellas no volverá a encontrar aquella vida que perdió hace ya tantos años, quizás en el baño de un bar que ya no recuerda; tal vez entre vómitos en esta misma acera. Sigue leyendo

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