El Borracho

El Borracho reposa en el regazo de una farola. No hay estrellas en el firmamento, pues estas huyeron hace mucho ya de una ciudad cuyos habitantes tiempo ha que dejaron de enfocar sus vistas hacia el cielo en busca de respuestas. No, ahora el ser humano vive mirando al suelo, viven por y para sus Dioses del nuevo milenio. Pero el Borracho no tiene un smartphone de esos. El Borracho sigue enfocando sus ojos al cielo, y enturbia los ojos en su lecho por no encontrar ya a los luceros, a sus compañeros de tantas noches de vómitos y botellas, por seguir sin tener solución a todos los males que le atormentan. Sin ellas no volverá a encontrar aquella vida que perdió hace ya tantos años, quizás en el baño de un bar que ya no recuerda; tal vez entre vómitos en esta misma acera. Sigue leyendo

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Una sospecha

“Sin duda, nada es más natural hoy día que ver a las gentes trabajar de la mañana a la noche y en seguida elegir, entre el café, el juego y la charla, el modo de perder el tiempo que les queda por vivir. Pero hay ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa. En general, esto no hace cambiar sus vidas, pero al menos han tenido la sospecha y eso es su ganancia.”

La Peste – Albert Camus

Quizás soy yo que tengo una mente demasiado ociosa, una cabeza que se dedica a darle vueltas a tonterías que, en realidad, no tienen ninguna importancia. A veces me siento como el estúpido que trata de ver en la obra del artista más de lo que en realidad hay, más de lo que pretende transmitir el autor. Y, sin embargo, desde que leí La Peste, este fragmento ha asaltado mi cabeza de modo indecente una y otra vez, obligándome a tratar de descifrar cuál es el sentimiento al que se refería Albert Camus, a sospechar con la posibilidad de que sea lo mismo que yo, y seguramente muchos de nosotros, he sentido en numerosas ocasiones. Sigue leyendo

¡Irme, Dios mío, irme!

Quien no quiera huir es que no merece vivir. Sin más. Que huir es de cobardes fue algo que se inventó algún cobarde sin el valor suficiente para huir. Es así. Porque huir no es fácil. Huir es dejar atrás todo lo que tienes, todo lo que eres. Empezar de cero y comenzar a reconstruir toda la tu vida de nuevo. “Salir de la zona de confort”. Y para eso hay que echarle muchos huevos, hazme caso -aunque supongo que tú ya te haces una idea-.

¿Pero quién no se siente tentado a hacerlo? A parte de un cobarde, claro. ¿Quién no quiere tener la oportunidad de olvidar lo que ha sido y nacer otra vez de nuevo?

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