Manual de Poesía Para Triunfar en el S. XXI

Dicen por Madrid que hoy en día es fácil ser poeta.
Tan solo necesitas ser joven sobrecualificado;
estar, obvio, en la más absoluta miseria;
y vivir en un barrio hipster de la capital
(O de Barcelona, no se preocupen, que también nos vale).

De la rima podemos, sin problema alguno, prescindir,
que de academias estamos más bien hartos
¡y qué decir de la estructura!
no querrán que también seamos del verso arquitectos.
Ya se sujetará por ella misma
y si se cae…
si se cae pues lo llamaremos arte.
(O decir que es obra de Calatrava, que también nos vale).

Liberados, pues, de lo innecesario,
nos queda lo importante, véase:
las palabras.
Pero no se piensen que utilizaremos diccionarios,
pues el mensaje debe ser conciso, sencillo y claro,
porque la poesía debe ser para todo el mundo
y con palabros de esos la gente no pilla el mensaje.
Tampoco debe tratar JAMÁS de temas sociales,
que unos buenos versos deben ser alimento del alma
y no de largos, aburridos y estériles debates.
Ahora bien, si no nos queda más remedio,
ya sea porque estamos de la situación hartos
o porque deseamos parecer unos poetas cultivados,
añadiremos a la reivindicación unos acordes de guitarra
(y entonces seremos poetas cantaautores, que también nos vale).

Por último, si queremos de verdad triunfar,
cuando hablemos de amor tenemos que decir mucho “follar”,
porque suena desgarrador, porque suena violento,
porque es necesario despreciar al mismo tiempo que enamoras.
Y es que el amor hoy en día ya está pasado de moda;
como mucho, si hay suerte, lo disfrutas por unas horas
y encuentras el siguiente en (por seguir la rima) una máquina expendedora
(o lo pides personalizado por Amazon, que también nos vale).

A estas alturas ya más de uno se preguntará
que quién carajo me creo para escribir todo esto;
que si soy youtuber, o tuitstar o instagrammer,
porque hoy en día si no eres influencer
no eres, por así decirlo, nadie.
Soy,  entonces, un Don nadie, un chico de provincias,
solo un estudiante cansado de consejos y academias,
sin followers que no son sus amigos ni poesías con prestigio,
que tiene poco dinero y unas latas de cerveza de más en la cabeza
(aunque aún me queda alguna, por suerte, en la nevera),
y que está harto de escuchar a poetas sin rima ni gracia
cuál el secreto en la literatura para llegar a lo más alto
(que ellos, por cierto, parece que nunca aplicaron).
Y es por eso por lo que doy también consejos,
para que conste que, si quiero, puedo;
y así cuando se me escape el éxito en la vida,
el trabajo y, ¡Dios! espero que no, en las mujeres,
tenga una biografía que esté a la altura
del clásico poeta incomprendido pero fantástico,
(o quizá vivir de la literatura , que también nos vale).

#elclubdelospoetasvivos
Concurso de Poesía de Zenda e Iberdrola de 2017

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Reunión de Amigos

Como cada fin de semana se saludan con un abrazo, se sientan en torno a la misma mesa tomando una cerveza, e ignoran al que habla en cada momento porque están demasiado ocupados pensando qué cosas de su vida contar cuando les toque el turno de hablar. Y cada uno de ellos confía en que los demás le presten atencion, porque su vida SÍ que es importante y muy interesante para los demás.

Recuerda

Mar que en nuestra isla nos encierra
con su verja de salitre, callao y arena.
Mar que nos marca el fin de la tierra
y con su vahaje nos susurra
que en el fin de la tierra está
el principio de los sueños.
Mar que copula con el cielo
y su espuma son luceros
y las estrellas de la espuma el reflejo.
Mar que copula con el cielo
quién es ser, quién espejo;
los dos son muros,
los dos son deseos de vivir
más allá de la vida de nuestro cuerpo.
Mar que nos arrulla y apuñala,
borra nuestras huellas de la arena
y en su horizonte nos hace eternos. Sigue leyendo

El Borracho

El Borracho reposa en el regazo de una farola. No hay estrellas en el firmamento, pues estas huyeron hace mucho ya de una ciudad cuyos habitantes tiempo ha que dejaron de enfocar sus vistas hacia el cielo en busca de respuestas. No, ahora el ser humano vive mirando al suelo, viven por y para sus Dioses del nuevo milenio. Pero el Borracho no tiene un smartphone de esos. El Borracho sigue enfocando sus ojos al cielo, y enturbia los ojos en su lecho por no encontrar ya a los luceros, a sus compañeros de tantas noches de vómitos y botellas, por seguir sin tener solución a todos los males que le atormentan. Sin ellas no volverá a encontrar aquella vida que perdió hace ya tantos años, quizás en el baño de un bar que ya no recuerda; tal vez entre vómitos en esta misma acera. Sigue leyendo

Hic et Nunc!

La paciencia será la madre de la ciencia, pero a la vida le sienta fatal. Nos pasamos el día escuchando que lo importante en esta vida es ser paciente, saber esperar a que los árboles den sus frutos y los actos sus consecuencias. Que, con el tiempo, las heridas -tanto de las que sangran como las que no- siempre terminan por sanar. Que no puedes quererlo todo al momento, porque es imposible y solo conseguirás frustrarte. Que cómo se te ocurre contestarle tan rápido a esa persona con la que estás hablando, creerás que estás desesperado. Pero si ni quisiera sé si me gusta, solo sé que me apetece hablar con ella. Y qué, si te comportas así perderás todo el interés. ¿Y entonces qué tengo que hacer? Pues espera un rato antes de contestar, habla con otra gente, que vea que estás en línea pero que tampoco tienes prisa por escribirle. ¿Y si le digo de quedar? Pues estás loco, porque tan rápido eso sí que suena fatal. Y así es cómo se supone que funciona todo a día de hoy. Sigue leyendo

Una sospecha

“Sin duda, nada es más natural hoy día que ver a las gentes trabajar de la mañana a la noche y en seguida elegir, entre el café, el juego y la charla, el modo de perder el tiempo que les queda por vivir. Pero hay ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa. En general, esto no hace cambiar sus vidas, pero al menos han tenido la sospecha y eso es su ganancia.”

La Peste – Albert Camus

Quizás soy yo que tengo una mente demasiado ociosa, una cabeza que se dedica a darle vueltas a tonterías que, en realidad, no tienen ninguna importancia. A veces me siento como el estúpido que trata de ver en la obra del artista más de lo que en realidad hay, más de lo que pretende transmitir el autor. Y, sin embargo, desde que leí La Peste, este fragmento ha asaltado mi cabeza de modo indecente una y otra vez, obligándome a tratar de descifrar cuál es el sentimiento al que se refería Albert Camus, a sospechar con la posibilidad de que sea lo mismo que yo, y seguramente muchos de nosotros, he sentido en numerosas ocasiones. Sigue leyendo